La docente que me enseñó
Abrí la boca y metió su lengua. Sabía a vino y a algo amargo difícil de definir. Algo adictivo. Nos besamos con pasión. La saliva fluía, las lenguas danzaban explorando todo con avidez. Puse mis manos en sus nalgas y las apreté como si estuviera dándole un masaje, ella separó su boca y gimió. Luego arrodillándose me desabrochó...