La gerente de RH (3): La ansiedad de un maduro por el placer
No pasó nada, seguimos avanzando y cada vez con más confianza fui abriendo la palma de la mano y la ponía muy cerca al borde superior de su nalga, para que en cada movimiento del camión, por si sola se fuera pegando. Después de unos minutos de ver que no se incomodaba o no se daba cuenta decidí en un...