Mi vecina. Un fetiche embarazoso
Marta, mi vecina, vivía en el piso de arriba. Una chica de veinte y muchos; cabello largo y negro, ojos del mismo color. Guapa, constitución menuda, culito redondo, pechos más pequeños que grandes, firmes. Una chica que, como dicen los anglosajones, estaba fuera de mi liga. No solo era bien parecida, si no que ...