Algunos, con un piropo, abren piernas
Los domingos damos rienda suelta a nuestros deseos de vagancia. Desayunamos en la cama y, al amparo del buen descanso y ausencia de compromisos, Elisa, mi señora que cumplió treinta y yo cuarentón, preparamos concienzuda y tranquilamente algún polvo de antología. Las pausadas caricias con leves aceleraci...