De ratones
Lo pienso y lo escribo, para empezar: nunca debí haberme enamorado de Yui. Yo tenía una existencia restringida a la normalidad, es decir, yo vivía con mi esposa, feliz; los dos trabajábamos. Teníamos dos hijos, la parejita, y juntos los cuatro éramos una familia privilegiada. Hasta que conoc&iacut...