El precio de ser cómplices (1)
La mujer, bajo el impulso de él, comenzó a moverse con él, sus caderas contra las de él, buscando más. Gemidos y jadeos llenaron la habitación, mezclándose con el sonido de la piel golpeando la piel. Él la miraba fijamente, sus ojos llenos de deseo y posesión, mientras ella gritaba su nombre en el éxtasis, sintiendo el placer su...