El viaje perfecto
Sus caderas se movían en círculos perfectos mientras sus guantes apretaban mi cuello, justo sobre el collarín del traje. No podíamos besarnos. Nuestras máscaras chocaban con un “clac” de policarbonato. Solo podíamos respirar el uno frente al otro, tubos rozándose, filtros siseando al unísono. —Más rápido —jadeé dentro d...