Incesto - Filial - Sexo con maduros

Relato erótico

La familia de Gonzalo -02

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RESUMEN

Asentí de inmediato, Mónica tomó mi verga con la mano derecha y comenzó a frotarla lento, sus ojos no se apartaban ni un instante de mi miembro.

Capítulo 2: Mónica

Como recordaran, en el capítulo anterior, les relate como es que mi vida sexual tomo una dirección inesperada con la llegada a mi vida de mi cuñada, Sonia. Mis hijos aun no sabían de la relación que mantenía con su tía, la primera en enterarse seria mi hija mayor Mónica, y al mismo tiempo despertando mis deseos y fantasías, con ella, una tarde mientras pasaba por ella la vi como nunca antes la había visto, usaba un vestido florado muy entallado, que era de su madre, de inmediato me di cuenta de cuanto se parecían.  Mónica subió al taxi, saludándome con un beso en la mejilla.

—Hola papa! Como te fue? –dijo ella.

—Bien mija! Y a ti? –revire.

—Bien papa! Estoy muerta! –respondió.

Arranque volviendo a casa, en todo el camino miraba a mi hija, ella lo hacía extrañada.

—Que pasa papa? Te preocupa algo? –pregunto.

—No Moni! Es solo que nunca te había visto así! Ya eres una mujercita, y te pareces tanto a tu madre! –dijo con pesar.

—Papa! Sé que la extrañas! Yo también! Pero piensa que todos te amamos mucho! –dijo abrazándome y besándome de nuevo.

—Lo se mija! Pero yo… pues ya sabes tengo necesidades! Me siento muy solo! –dije mal trecho.

Mónica se quedó cayada, y miro hacia otro lado, sabía que ese tema le conflictuaba.

—Vez a lo que me refiero? Cada que toco el tema te pones de malas! –dije molesto.

—Pues es que tú quieres meter a cualquier puta a la casa! –reviro mi hija.

—Moni! Debes saber algo… inicie una relación con tu tía Sonia… –confesé.

—¿Qué tu y la tia Sonia?... –exclamo molesta.

Llegamos a casa, Mónica bajo del taxi azotando la puerta, entro a la casa seguida de mí, de prisa entro en su cuarto y no salió más, por la noche hacía mucho calor, por lo que me levante a eso de la 1:00 a.m. fui a la cocina por un vaso con agua, mientras lo bebía, Mónica entro también, me miro asombrada por unos segundos.

—¡Hay papa! ¡Me asustaste!  –dijo.

—¡Perdón Moni, tenía calor!  –respondí bebiendo el agua.

—¡Papa! ¡siento mucho mi reacción de esta tarde… y debo decirte que me parece bien lo de la tía Sonia y tú! ¡Ahora ya no tendrás que andarte quejando de que estas solo!... –dijo mi hija.

—Gracias mija! ¡Pero soy un hombre de muchos bríos! ¡No sé si sea suficiente!  –respondí.

—¡papa!... –exclamo.

Mientras seguía bebiendo más agua, mire el cuerpo de mi hija, quien solo traía una camiseta larga muy vieja, la cual apenas le tapaba el culo, sus piernas eran las mismas de su madre a esa edad, sus senos jóvenes y firmes no necesitaban de sujeción manteniéndose en su lugar sin problema.

—¡Parece que estas feliz! ¡Papa!  –exclamo de momento.

No entendí por qué lo decía, hasta que señalo mi verga con el dedo. Mire hacia abajo y pude notar la gran erección que traía por debajo de pants de la pijama. Por un momento me sentí apenado, pero también muy caliente.

—¡A caray! ¡Qué pena! Mija! –dije tratando de taparme.

Mónica sonrió, tomo un vaso con agua lo bebió, pero en ningún momento dejo de ver la erección que traía. Después de que termino el vaso con agua, salió de la cocina contoneando el culo hermoso que tiene. Esa noche fue la primera vez que me masturbe pensando en mi hija. Me pegue unos jalones de verga hasta sacarme la leche en mi recamara. A la mañana siguiente las cosas se pusieron más serias y calientes. El primero en bañarse fue mi hijo Simón, saliendo a trabajar muy temprano, después escuche la regadera de nuevo, me levante a ver quién se bañaba a esa hora, ya que normalmente el segundo en entrar a la ducha era yo. Me sorprendí cuando vía mi Mónica, quitarse la camiseta que traía la noche anterior dejando su cuerpo solo cubierto por las pantaletas que usaba. 

Sus senos eran perfectos y muy parecidos a los de su madre, con la única diferencia que Moni los tiene más grandes y firmes. Su piel tan blanca como la de su madre, el mismo color de ojos, boca y labios más grandes y carnosos, la misma nariz, el cabello más corto pero del mismo color. Agazapado en la esquina del pasillo, espere a que se quitara las pantaletas, una vez que lo hizo el sueño estuvo completo, su pubis era hermosos con abundante vello del color de su cabello, sus nalgas redonda y levantadas, sus piernas simplemente saludables y apetecibles. Aquellos recuerdos de cuando espiaba a mi madre de niño volvieron, al igual que los deseos de cogerme a mi hija, si bien ella no aceptaba a ninguna mujer en mi vida, ella tendría que ocupar ese lugar.

Regrese a mi recamara y espere a que ella terminara de ducharse, en cuanto escuche que el chorro de agua ceso, me desnude colocándome una toalla en la cintura, Salí de mi recamara camino al baño, la sabana de la puerta estaba abajo, me recargue en la pared.

—Buenos días mija! –salude mientras espiaba por una rendija de la sabana.

Ella corrió la cortina y salió de la regadera, con el cuerpo desnudo.

—¡Buenos días papa! Te gane el baño, es que tengo examen en la escuela… –respondió.

—¡No hay problema yo espero!  –dije.

Sin prisa y no sé si notando que la miraba se vistió despacio, primero el sostén, después el calzón y la demás ropa, se enredó una toalla en la cabeza y salió moviendo la sabana.

—¡Ora si papa te saludo bien!  –dijo besándome la mejilla.

Se fue a su recamara yo entre al baño me quite la toalla y abrí la regadera, esperando a que se calentara un poco el agua, como en el pueblo hace calor no usamos agua muy caliente. Estando ahí parado fuera de la regadera, escuche la voz de Mónica fuera del baño.

—¡Papa! ¿Quieres huevos para desayunar?  –pregunto.

—Si mija! ¡Gracias!  –respondí.

Al mirar por el rabillo del ojo note que ella había movido un poco la sabana, para verme. Por lo que gire de golpe y le mostré mi herramienta. De golpe y porrazo soltó la sabana y un susurro se escuchó.

—¡Hay dios! ¡Qué cosota!...

Sus pasos acelerados se escucharon alejarse del baño rumbo a la cocina. Termine con mi baño no sin antes masturbarme de nuevo pensando en su cuerpo. Ya está decidido, mi hija se uniría a mi cuñada como mi amante. Volviendo a las andanzas del incesto.

Me vestí y sin hacer ruido fui a hasta la cocina, note mis demás hijos aún no se levantaban, por lo que me quede ahí mirando a mi hija y sus buenas nalgas, enfundadas en un pantalón azul de mezclilla, me acerque a ella abrazándola de golpe por la espalda.

—¡Papa! ¿Qué haces?  –exclamo en susurro.

—¡Pues abrazarte que no puedo!  –respondí.

—¡Claro papa!  –dijo pegándome las nalgas al cuerpo.

—¡Te quiero mucho Moni! ¿Lo sabes no?  –dije mientras le frotaba la verga en la espalda.

—¡Aja! ¡Uh!  –gimió mi hija.

—¡Y cómo te dije anoche, tu tía Sonia es mi mujer, pero necesito más! ¡así que pensé en que tú y yo!... –dije sin más rodeos.

—¡Que! ¡No! ¡Eso es pecado!  –dijo molesta.

— ¡Solo piénsalo Moni!  –dije soltándola.

Dejo el desayuno a medio terminar, tomo sus cosas y salió de la casa. Prepare a mis hijos para la escuela y me dedique a mis cosas el resto del día, por la tarde pase a buscar a Mónica, ella se dedica a limpiar casas de gente adinerada, en sus ratos libres para ayudar con los gastos de la casa, pero aun no terminaba su trabajo por lo que espere en el taxi. Media hora después subió sin decir nada, arranque poniéndome en marcha hacia la casa, la noche caía; de pronto Mónica me tomo la pierna, mirándome fijamente.

—¡Papa! ¡Es enserio lo que dijiste en la mañana! ¿quieres que yo también sea tu mujer?  –pregunto.

—¡algo asi! ¿Qué has pensado? –dije.

Mi hija miro hacia otro lado pensando lo que había dicho, después de unos segundos respondió.

—¡Y como le haríamos papa! ¿Siempre hay alguien en la casa?  –dijo ella.

—¿aceptas?  –pregunte.

—¡Todavía no se! ¡Tengo que ver los pros y contras!  –dijo ella pensativa.

—¿Pues buscaríamos la forma mija, yo lo hice con tu madre durante años y a poco ustedes se daban cuenta?  –exclame.

—Algunas veces si papa! ¡Pero en general no, nunca!  –dijo ella.

Me quede callado esperando lo que seguía. Ella se concentró en el camino de regreso, todo el tiempo mirando por la ventana. Justo antes de llegar a casa Mónica me tomo la pierna y dijo.

—¡No sé si esto sea lo correcto, pues no sé qué diga o piense la tía Sonia, pero me gusto tu cosota, papa! así que vamos a probar… y vemos…

Los dos entramos a la casa siendo recibidos por mis demás hijos, esa noche cenamos, la mayoría se fue a dormir a eso de las 9:00 p.m., solo Simón, Mónica y yo quedamos despiertos, ya que Simón tenía que trabajar más tarde. Yo tenía solo una viaje programado esa noche, llego la hora de salir al turno nocturno, Simón se fue a eso de las 9:30 p.m. Dejándome solo con Mónica.

—¡Papa que crees que me van a dejar la casa de doña Sharon pa que la cuide!  –dijo Mónica.

—¡Y eso! ¿Que ya se van?  –pregunte.

—¡Aja! ¡Mañana tengo que pasar por las llaves!  –dijo ella.

—Pues que bien mija! ¡Échele ganas!  –dije levantándome de la silla

—Quien quita y algún día nos volvemos empresarios pa! –dijo contenta.

Mónica, se levantó de la silla, para comenzar a lavar los trastes, yo fui  al baño y aponerme un suéter ya que esa noche llovía y hacia fresco. Regrese a la cocina para despedirme de mi hija, acercándome a ella para darle un beso en la frente como siempre lo hacía, pero ella me lo dio en los labios.

—¡Que te vaya bien papa! ¡Te cuidas!  –dijo al separarse de mi.

Aquello me dejo boquiabierto.

—¡Que pasa papa! ¿No habíamos quedado en algo?  –dijo mirándome a los ojos.

—¡Si! ¡Tienes razón mamita! ¡Te veo en un rato, si! ¡Te quiero!  –dije dándole otro beso más apasionado en los labios.

Salí feliz de la casa, hice el viaje el cual no tardo más de media hora, por lo regrese a casa a eso de las 10:30 p.m. al entrar vi a Mónica aun en la cocina estudiando o haciendo tarea.

—Mija ya! ¡Párale! ¡Vete a dormir!  –dije en voz baja.

—¡Si ya voy papi! ¡No más acabo esta página y ya!  –respondió sin voltear a verme.

Me quiete es suéter, dejándolo sobre el respaldo de una silla del comedor, camine hasta donde estaba mi hija, para ver qué es lo que hacía.

—¡A caray! ¿Eso qué es?  –dije mirando el libro que tenía en la mesa.

—¡ja! ¡ja! ¡Ingles! ¡papa! –respondió.

—Uchalas! ¡No pues en mis tiempos eso ni existía!  –dije contento.

Tome a mi hija por lo hombros haciéndole un masaje suave. Mientras ella terminaba con su tarea.

—Uy! ¡Qué rico se siente! ¡Papa!  –exclamo al sentir mis manos en sus hombros.

Cuando termino con la página que hacía, giro quedando de frente a mí, lo que dijo me dejo helado y a la vez excitado y muy caliente.

—¡Papa! ¡Déjame ver tu cosota! ¿Si?  –dijo mientras me palpaba la verga por encima del pantalón.

—¿eso quieres?  –pregunte cachondo y sucio.

—¡Si! ¡Quiero verla! Está bien grandota! ¡Papa!  –exclamo en susurro.

De inmediato me desabroche el cinturón y el pantalón baje mi bragueta, dejando salir mi pito aun guango.

—¡Está bien gorda papi!  –dijo mirándola con atención.

—¿Te gusta? ¡Moni!  –pregunte.

—¡Aja! ¡Esta bonita! –respondió.

—¿Eres virgen amor?  –pregunte inquieto.

—La verdad pa! ¡No, ya me cogieron!  –respondió.

Para mi esa noticia lejos de molestarme me puso más cachondo, porque no tendría que batallar con un himen sin romper.

—¿Sabes cómo hacer una chaqueta mami?  –pregunte.

—¡Si papa! ¿Quieres una?  –respondió.

Asentí de inmediato, Mónica tomo mi verga con la mano derecha y comenzó a frotarla lento, sus ojos no se apartaban ni un instante de mi miembro. El cual poco a poco cobraba vida, con cada jalón de la mano de mi hija. Sus ojos se abrieron grandes cuando mi verga llego a su plenitud, apuntando directamente a su cara. Usando la mano izquierda se tapó la boca asombrada.

—¡Dios papa! ¡Que pitote! ¡No manches! ¡Esta enorme!  –susurro.

—¿Si? ¿Tú crees?  –dije burlón.

—¡Si no manches! ¡Está bien gordo y grande!  –respondió mientras lo tomaba con las dos manos.

—¿El que te cogió la tiene así?  –pregunte.

—Noo! ¡Papa!  ni la mitad! –respondió.

Ahora sus dos manos eran las que me frotaban despacio.

—¡Más rápido amor!  –dije caliente.

Ella aumento la velocidad de los jalones su cara cambio por la de deseo, dejando el asombro atrás.

—Pa! ¿Puedo probarla?  –dijo Mónica.

—¿Sabes cómo mamar una verga Moni?  –revire.

—Poco pa! ¿Pero me enseñas no?  –dijo mientras su lengua pasaba por mi glande hinchado.

—Ah! ¡Mamita! ¡Bueno, abre más la boca, saca la lengua y metete mi verga despacio hasta donde aguantes! Y no dejes de jalármela, ¿entendido?  –dije lujurioso.

 Mónica asintió de inmediato, abrió la boca saco la lengua y se metió mi verga en la boca, sin dejar de masturbarme con las dos manos. Lo hacía bien para ser algo inexperta en la materia.

—¡Ahora me vas a apretar con tus labios la verga cada que los saques de tu boca, amor!  después la metes otra vez y así le sigues hasta que te diga, ¿entendido?  –dije de nuevo mientras la tomaba de la cabeza.

Mi hija poco a poco se metía más y más verga en la boca, logrando tragar la mitad antes de que las arcadas en su garganta aparecieran.

—¡Hay papi! ¡Está muy grande siento que vomito!  –susurro.

—¡Está bien así está bien! ¡Síguele Moni! ¡Dale una mamada a papa!  –dije suciamente.

Mónica siguió mamándome la verga por varios minutos, mismos en los que aproveché para abrirle la blusa y sacarle las chichis, masajeándoselas despacio, en ocasiones le apretaba un pezón y lo jalaba despacio.

—Auh! ¡Qué rico duele, pero se siente rico! Mm! –decía Moni al sentir el dolorcito.

De momento se sacó mi verga de la boca la cual se veía lubricada por la saliva de mi hija. Me miró fijamente a los ojos.

—¡Papa!  quieres cogerme? –pregunto.

—¡Mamacita si quiero! ¡Pero tu hermano está por llegar! ¡No nos va a dar tiempo! ¡Mejor solo déjame terminar en tus chichis y boquita sí!  –susurre mientras le jalaba un pezón.

—¡Está bien papi! ¡Como quieras!  –dijo abriendo la boca para meterse mi verga de nuevo.

Siguió mamando pito un rato más, pero al no ser una experta en la materia, no podía venirme. Por lo que me vi obligado a ayudarle, tome mi verga en la mano y me masturbe fuerte.

—¡Abre la boca moni! ¡Y agárrate las chichis mamita!  –dije mientras me la jalaba duro.

Mónica se sujetó las tetas con las dos manos y abrió la boca grande mientras miraba mi glande a punto de explotar.

—Uuuhhh!!! Uhhh! ¡Mami! ¡Abre, abre!  –exclame valiéndome todo.

Mi esperma salto de mi verga, un gran chorro  entro en su boca, mientras que los demás se fueron por su cuello y chichis. Pero no dejaba de sacar mocos de mis huevos, por lo que seguí dándome jalones hasta que le deje la cara cubierta de semen caliente y viscoso.

—¡Uhm! Ah! ¡Uhm! ¡Papa!  es mucho atole! Ah! Uh! ¡No manches!  –decía Mónica mientras le caía mi semen en la cara.

Después de que termine de sacar hasta la última gota de mocos, me limpie  la verga en uno de sus pezones.

—Uhh! Que rico mija! Uh! –gemía suave.

—¡Si papa!  bien rico sabe a lechita dulce! –dijo después de que se tragó mis mocos.

Me medio acomode los pantalones, le ayude a parase llevándola hasta el baño para limpiarla. Deje que se bañara a gusto mientras yo volví a la cocina, a recoger sus libros y revisar que no hubiera semen en la mesa, silla o piso. En ese momento mi hijo Simón entro a la casa, me dio el dinero de la cuenta de ese día y se marchó a dormir. Mónica termino de bañarse y con solo una toalla enredada en su cuerpo fue hasta la cocina me dio un beso apasionado y se fue a dormir. No desaproveche la oportunidad de agarrarle las nalgas entes de que se fuera.

A la mañana siguiente las cosas eran normales, ella y yo nos saludamos como siempre hasta que nos quedamos solos un instante con la partida se Simón, nos besamos y agasajamos en la cocina de nuevo pero solo eso. Mis hijos más pequeños se levantaron por lo que tuvimos que hacernos los disimulados, la mañana fue como todos los días, con la única diferencia que ahora me había convertido en el amante de mi propia hija.

Durante el día mientras trabajaba, no podía dejar de pensar en su boca tragándose mi pito, lo que me provocaba erecciones constantes, al medio día decidí pasar por ella a la escuela. Aquello la sorprendió mucho, despidiéndose de sus amigas subió al taxi, me saludo con un beso entre la comisura de los labios y la mejilla. Arranque y de inmediato.

—¿A donde vamos papa?  –pregunto Mónica.

—¿A dónde quieres ir?  –pregunte.

—¡La verdad quiero que me cojas con ese pitote que tienes!  –dijo agachando la cabeza.

—¿Entonces vamos a un hotel?  –pregunte de inmediato.

—No pa! ¡Yo conozco en donde estaremos solos, pero primero vamos a la casa a darles de comer a mis hermanos, y ya después vamos a donde te digo!  –respondió preocupada.

Regresamos a la casa comimos con mis hijos, al terminar Mónica lavo los platos de prisa, tomo un libro y dijo.

—¡Papa me llevas a entregar este libro!

Esa era la señal, encargamos a mis hijos con una vecina, que nos ayudaba con ellos cuando teníamos que dejarlos solos. Nos subimos al taxi y tomamos camino hacia el centro del pueblo.

—¡Papa primero hay que pasar a la casa de doña Sharon, por la llave!  –dijo mi hija.

Pasamos rápido a la casa de la doña, Mónica bajo de prisa por las llaves y volvió a subir, indicándome que fuera rumbo a colorines. Tome la carretera hacia donde me dijo, antes de llegar al pueblo vecino, Mónica me pidió que tomara un camino pequeño y de terracería. El cual no llevo hasta una finca muy bonita.

—De quien es esto mija? –pregunte incrédulo.

—¡Es del hermano de doña Sharon nunca vienen, por lo que es seguro!  –dijo bajando del auto.

Con algo de preocupación decidí seguirla, caminamos unos metros, Mónica busco una llave en el llavero de doña Sharon y abrió la puerta.

—Y como sabias de este lugar, también lo limpias o que mija? –pregunte al entrar a la casa.

—¡No! ¡Papa!  las meras verdades aquí me cogieron por primera vez! –dijo poco avergonzada.

—¿No me digas que te cogió el esposo de la ricachona?  –pregunte incrédulo.

—¡No! ¡Papa su hijo menor! ¡Es de mi edad! ¡Pero ya vamos que se hace tarde!  –exclamo tomando mi mano.

Llegamos hasta el piso de arriba, entramos en una habitación muy grande casi tan grade como mi casa entera.

—¡Ven papa quiero probar tu pito en la alberquita!  –dijo llevándome hasta otra habitación que era un baño enorme con un Jacuzzi.

Nos desnudamos y entramos en la alberquita como la llamaba Mónica. Sin perder tiempo tomo mi verga comenzando a mamar de lo lindo, esta vez lo hacía mejor y con más ganas.

—Ah! ¡Mamita! Así mija! ¡Chúpale la verga a papa!  ah sí! Mmm! ¡Qué rica boquita mami!  –gemía de placer.

Mónica se tragaba ya la mitad de mi verga sin hacer gestos o intento por vomitar, la tome de la cabeza controlando el ritmo de las mamadas, mientras que le jalaba los pezones y golpeaba sus tetas despacio, me gusta el sado como se darán cuenta.

—¡Así chiquita! Mmm! ¡Que rico se la chupas a papa!  ah! Ah! ¡Mamita sí! Uh! Uh! ¡Sigue chupa más!  –gemía fuerte.

—¡Qué rico pitote papa!  mira nada más como lo tienes de gordo! Mmm! ¡Creo que me va doler cuando me la metas!  –dijo sacándose mi pito de la boca.

—¡Te va a doler, pero te va a encantar mamita!  –respondí suciamente.

Me siguió chupando el miembro unos minutos más.

—¡Moni! ¡Ya quiero metértela!  –dije susurrando.

—¡Aja! Mmm! ¿Bien, como me pongo?  –dijo ella dejando mi pene y poniéndose de pie.

Busque la mejor forma de que moni soportara mi garrote, la única que me pareció la mejor fue hacerla que me montara, así lo hice con mi esposa por primera vez. La tome de las manos, atrayéndola hacia mí, le pedí que abriera las piernas, lentamente comenzó a doblar sus rodillas, sentándose encima de mí.

—¡Despacito mama! ¡Despacito!  –susurre.

Tome mi verga con una mano, para dirigirla hacia su agujerito, en el momento en que sentí su calor vaginal llegue al cielo.

—Uhh! ¡Papa!  que rico! ¡Métemela! ¡Ya! ¡Métemela!  –gemía mi hija.

Deje que el agua jabonosa del jacuzzi hiciera su labor lubricando nuestros sexos, mi glande traspaso sin problema su estrecha vagina.

—Ummmhh!!! ¡Papa!  duele! –gimió Mónica.

—Ssshhh! ¡Espera quédate así! ¡No te muevas o te la metas más!  –dije al tiempo que la sostenía de las nalgas.

—Uyy!! ¡Papi! ¡Me duele! Ahhh!! - gemía Mónica–

Una vez que mi pito abrió el canal vaginal de mi hija, el dolor disminuyo dándole paso al placer. Suave y lentamente se sentó una vez más metiéndose la mitad de mi miembro.

—Aah papa! ¡que rico, ya no me duele! ¡Dame más verga! Uhn! –gimió Mónica de placer.

—¿Quieres más verga de papa?  mija? ¡Bien pues tómala!  –dije lujurioso.

Y empecé a moverme mientras mi pito salía y entraba de su vagina, mis manos la sujetaban de las nalgas para que ella misma perdida en el placer, no se lastimara.

—Oh mija! ¡Aprietas mucho! Oh! ¡Dios! ¡Sí que rico! ¡Nena!  –decía mientras mi hija saltaba en mi verga.

—¡Papi! ¡Papi! ¡Se siente delicioso! ¡Mejor que la del joven Jack! Uh! ¡Si! ¡Papa!  métemela toda! –gritaba mi hija.

Mantenía el control de las penetraciones para no lastimar a Mónica. Pero ella insistía en que podía con toda mi reata. Deje de sostenerle las nalgas, de pronto sus ojos se querían salir de sus orbitas. Producto de tener mi verga entera dentro.

—¡Dios!!! ¡Me partes en dos, papa!  uuuuuhhh!!! Aaaahhh!!! –grito Mónica.

Se quedó inmóvil por unos segundos, sus uñas se clavaron en mis hombros, su boca se abría intentando jalar todo el aire de la habitación.

—Mija! ¡Estás bien! Mija! –exclame.

—¡Aja! ¡Aja! Uuhyy! ¡Dios mío! ¡Que vergota tienes papa!  pero tenías razón me encanta! –dijo al tiempo en que se levando para dejarse caer de golpe en mi reata.

—Uh! Mija! –exclame al sentir su cuello del útero.

—¡Ah papa!  que sabroso! ¡Cógeme más!  –grito Mónica.

Lleno de lujuria y deseo por mi hija, la tome de la cintura levantándola de encima de mi pene, la gire para ponerla en posición de perrito, me senté en la orilla del jacuzzi, penetrándola despacio pero hasta el fondo.

—Uh! Mija que rica estas! –gemí mientras se la metía.

—¡Si papa!  que rico me coges! ¡Dame más!  –dijo ella.

Mis manos se posaron en sus jabonosas nalgas, mientras que veía como mi verga se adentraba en su vagina. Cuando mi pubis choco con las nalgas suaves de mi hija, deje que su vagina se dilatara un poco. Para después darle duro hasta venirme.

—Ora si mija! ¡Agárrate! ¡Porque te voy a coger como lo hacía con tu madre!  –susurre a su oído.

—¿Si? Uh! ¡Dame papa!  dame pito! –grito Mónica.

La tome por las caderas comenzando a meter y sacar mi pito de sus vagina, en un principio lento y fui aumentando.

—Ah! ¡Si papa!  si! Uh! ¡Mas! ¡Mas! ¡Que rico! ¡Mas!  –gemía Mónica.

—¡Mamita que rica puchita tienes! ¡La quiero siempre!  –dije lleno de lujuria por mi hija.

La velocidad y las ganas de eyacular, aumentaban debido a la estreches de la vagina de mi hija.

—Ah! ¡Papa!  papa! ¡si! ¡Papa!  uh! ¡Mas! ¡Papa!  que rico! Uh! Ah! Uh! Mm! Ah! ¡Cógeme rico! Ah! –gemía, gritaba y pujaba mi hija.

Las penetraciones a mi hija ya eran muy duras, en un momento sentí que ella se iba a desmayar.

—¡Moni! ¡Moni! Mija! ¿está bien te la saco?  –pregunte.

—¡No! ¡No! ¡Métemela no me la saques!  –gritaba Mónica mientras me sujetaba por las nalgas para impedir que le sacara la verga.

—Ah mija! ¡Que rico coges! ¡Ya casi me vengo!  –exclame.

—¡Yo ya me vine dos veces papa!  –dijo mi hija.

Seguí metiéndosela por varios minutos más, pero a menor velocidad, hasta que ya no pude aguantar más, lo apretado de su agujero era y es indescriptible, mi pene lanzo la alerta para sacarlo, comenzando a palpitar dentro de la vagina de mi hija.

—¿Donde los quieres amor?  –pregunte.

—¡En la cara papa!  me gustó mucho! –dijo gritando.

Al borde de la eyaculación, le saque el mimbro a mi hija le di la vuelta de un jalón, ella se sentó dentro del agua tibia del jacuzzi, abrió la boca cerro los ojos y recibió mis mocos en toda la cara.

—Uhh!!! Uhhhh!! Mija! ¡Toma mocos! Aaahhhh!! Uhhhh!! ¡Tómalos!  –decía suciamente.

Mónica no hablaba solo ahogaba sus gemidos en la garganta.

—Mmmh! Mmm!! Uhhhgg!! Uhggg! –gemía Mónica.

Termine de soltar mocos en la cara de mi hija, ella se desplomo dentro del jacuzzi solo dejando su cara cubierta de semen fuera del agua, me senté  a su lado para recobrar la respiración, la abrace y mire su cara cubierta de semen.

—¡Mamita! ¡Quiero pedirte algo! ¡Pero lávate primero, si!  –dije.

Salí del jacuzzi arredrándome en una toalla, mire como se sumergía en el agua lavando su cara, se limpió los ojos con las manos y me pido una toalla.

—¿Qué paso papa?  no te gusto mi puchita? –dijo asustada.

—¡No mamaíta! ¡Me encanto tu pucha, tus chichis, toda tu!  –respondí.

—¿Entonces que paso?  –dijo secando se cuerpo.

—¡Quiero pedirte algo para no levantar sospechas en nadie! ¡Quiero que sigas con tu vida normal, que tengas novio o al menos algún amigo, ya sabes la gente es mala y sospecharan de alguna manera, entendido!  –dije sin miramientos.

—¡Está bien papa!  pero me la vas a seguir metiendo verdad? ¡No me dejes sin esa verga gorda y sabrosa!  –dijo abrazándome al salir del jacuzzi.

—Claro mija! ¡Te daré verga cuando me lo pidas o quieras!  –dije correspondiendo al abrazo.

Nos vestimos después de tomar una larga ducha juntos, limpiamos todo para que nadie notara nada y salimos de la enorme casa, al hacerlo me prometí que algún día tendría algo así, no importaba como lo consiguiera. Así fue como me convertí en el amante de una de mis hijas Mónica, pero aun faltaba mas…

¡Continuará!...

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