Fantasía en tres actos (3)
Cuando estábamos en los postres, saboreando café y coñac, mi marido, bajo el mantel, metió su mano bajo mi falda y yo, calentita, le abrí las piernas para que me dedeara, ¡y lo hizo! Un minuto después, sacó los dedos húmedos y se puso a olerlos un poco antes de lamérselo...