Un cambio de planes (5): Nunca es tarde para el amor
Creo que los vecinos no pudieron ignorar mis gritos. Pero me importaba poco o nada. Estaba fuera de mí y solo quería disfrutarlo. En un momento Henry me apretó fuertemente contra él y sin decir más, empezó a bombear su semen dentro de mí, el palpitar de su pene y ese calorcito delicioso era todo lo que necesitaba y deseaba...