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Cornudo consentido

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Solo como referencia comento que, acá en CDMX, de donde vivimos a donde mi hijo toma su clase de natación, mi esposa toma una combi de la ruta 2 con número económico 23236, con el mismo chofer todos los días a la misma hora.

Voy al relato:

 

En cierta noche, mientras mi esposa y yo hacíamos el amor, le comentaba a mi esposa que me gustaría ver como un extraño le hiciera el amor frente a mi.

Poco a poco, la platica iba aumentando de excitación, pues no solo era yo el que hablaba, sino que también ella participaba con ciertos comentarios e inclusive, con algunas propuestas.

Una noche que regresábamos a casa de una fiesta y que por cierto, no habíamos llevado el auto, tomamos un taxi; el conductor se había visto muy interesado en tratar de ver lo más que podía de las piernas de mi esposa, pues las llevaba hermosamente enfundadas con unas pantimedias en color natural y su vestido se alzaba un poco al momento de hacer cualquier movimiento ya estando sentada.

Esa escena fue altamente excitante para mí, no solo por lo que había estado platicando con ella, sino porque, aparentemente también a mi esposa eso le había gustado, pues en dos o tres ocasiones, se levantaba la falda para rascarse los muslos con la excusa de que las medias le estaban dando mucha comezón.

Esa noche fue muy especial y muy caliente, pues a la hora de estar cogiendo me confesó que desde hace algún tiempo, el chofer de la combi en la que se va para la clase de natación de mi hijo, siempre era el mismo y que por una razón, siempre encontraba lugar, pero solo en donde el chofer maneja. Como ya saben, es un espacio solo para tres; el conductor y dos acompañantes.

Mi hijo, por ir siempre del lado de la ventana, obligaba a que mi esposa quedara en medio de los dos. Esto fue aprovechado por el chofer, pues cada que hacía cambio de velocidades, era el pretexto justo para rozar los muslos y las rodillas de mi esposa, que por cierto, siempre se iba en pantimedias.

Según me cuenta ella, que los roces eran cada vez más frecuentes hasta que en cierta ocasión él le comenzó haciendo platica y de ahí hasta el momento se habían convertido en buenos amigos. Eso si, nunca le cobró los pasajes, ¿por qué habría sido?

También me confesó que le había dado su email, y que por ese medio mantenían conversaciones de todo tipo, y que en una de esas conversaciones él le confesó que su fetiche (al igual que el mío) eran las pantimedias, por eso él buscaba rozar sus piernas, pues eso le excitaba sobremanera, y que eso le servía, pues con su esposa ya no sentía tanta excitación como la sentía tocando a mi mujer.

Fue entonces que le propuso a mi esposa que por favor, le dejara acariciar bien sus piernas y que se comprometía a que nada le sucedería. Fue por eso que mi mujer siempre se llevaba un sweater o algo que hiciera bulto, pues de esa manera se podía tapar las piernas frente a mi hijo, y que el chofer tuviera la facilidad de meterle la mano para poderle acariciar, no solo las piernas, sino también su conchita.

Es por eso que en algunas ocasiones, ella llegaba a casa toda mojada, pues el muy cabrón la llegó a dedear, rompiéndole las pantimedias, y aquí yo, de pendejo y cornudo, comprándole pantimedias nuevas, para que otro tipo la gozara.  Pero por alguna razón eso me excitaba tanto que me hacía terminar como loco.

Hicimos un trato ella y yo, en donde le dije que me gusta ser cornudo siempre y cuando lo haga frente a mí. Quedamos que un día de estos, en lugar de mi hijo voy a ir yo con ella, pero como un desconocido, total, él no me conoce. Ella se va a comportar con él como siempre y tal vez hasta un poquito más cachonda, y yo, yo seré un cornudo feliz y contento, viendo como acarician las piernas enfundadas de mi esposa.

Si les gustó mi historia y quieren conocer a mi esposa, les dejo una foto de ella para que se imaginen de lo que les hablo.

 

Nos vemos hasta el próximo relato.

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